Presa de Hatillo, una obra que movilizó a los campesinos y hoy es vital en la economía de la zona
Las Actuales RD
presa de hatillo
Con casi 42 años en funcionamiento, la presa representa el mayor reservorio de agua dulce de las Antillas Mayores

Imagen de la presa de Hatillo.Fuente externa.
Por Yadimir Crespo/LD
Ubicada en la comunidad que lleva el mismo nombre, la presa de Hatillo está a seis kilómetros al suroeste de Cotuí, municipio cabecera de la provincia Sánchez Ramírez.
Esta obra de ingeniería no solo representa el mayor reservorio de agua dulce de las Antillas Mayores, sino que funciona como el nodo central para el control de inundaciones en la zona, así como también para la producción de electricidad y la preservación de la seguridad alimentaria a través del riego agrícola.
Desde su entrada en operación en el año 1984, el complejo ha transformado la dinámica hidrológica del río Yuna, permitiendo el desarrollo de un ecosistema productivo y humano que depende directamente de la gestión de sus 710 millones de metros cúbicos de capacidad total.
Los diseños de la obra fueron hechos por la empresa consultora Hanson-Rodríguez y contemplaban un embalse de 94 y medio metros de altura, según una publicación del 1 de noviembre de 1988 en el extinto periódico Última Hora.
Sin embargo, la firma constructora supuestamente modificó los diseños y la “elevó tan solo a 86.5 metros”, de acuerdo a una denuncia en la publicación citada. No obstante, la página web de Hanson-Rodríguez detalla que la altura de esta presa para uso múltiple es realmente de 50 metros y tiene 1,800 metros de longitud de la corona, además de un vertedero de servicio de cresta libre.
Desde el punto de vista estructural, el documento detalla además que es una presa de tierra con respaldos de aluvión de río y tuvo un costo total de 80 millones de dólares.
El diario vespertino El Nacional cita que la obra implicó una inversión de más de 120 millones de pesos al valor de la moneda dominicana en el año 1977 y una edición de Listín Diario del 31 de octubre de 1996 dice que fue de 40 millones.
“A finales de abril de 1982 se hablaba de que la obra ya comprendía una inversión de 94 millones de pesos”, cita la misma publicación.
Estas cifras son sin contar las partidas monetarias que los tres gobiernos que participaron en su construcción tuvieron que destinar a los campesinos de la zona, ya que la presa y sus objetivos convertían el área en inhabitable y riesgosa para los humanos.
Historia
La presa de Hatillo fue iniciada en el último cuatrienio de los 12 años del expresidente Joaquín Balaguer.
Páginas de los archivos del periódico Última Hora señalan que el embalse fue construido por el gobierno del finado presidente Antonio Guzmán “con recursos propios, los cuales fueron previamente especializados y depositados en una cuenta especial por el anterior gobierno”.
Y fue siete años después del inicio de su construcción que, a mediados de 1984 y durante la gestión del expresidente Salvador Jorge Blanco, la presa inició la operación de su embalse.
Violentas protestas
Los años de desarrollo de esta obra se vieron marcados por constantes protestas y manifestaciones violentas que terminaron con un saldo de varios heridos, más de 700 detenidos y la muerte de un campesino.
Los labriegos reclamaban que el gobierno los reubique en lugares donde puedan laborar para el mantenimiento de sus familias y que, además, se haga efectivo el pago de las mejoras y los predios en los que habitaban desde hace unos 50 años.
El gobierno, entonces encabezado por Antonio Guzmán, había dispuesto la suma de 1.2 millones de pesos dominicanos por las tierras de los labriegos cuyas propiedades se verían afectadas por la construcción de esa hidroeléctrica. Pero los campesinos exigían seis millones de pesos.
En la semana del 15 de abril llegaron al acuerdo de pagar RD$1,100,000 y entregar diez mil tareas de tierra en el Proyecto Payabo, en Cotuí, para ser distribuidas entre los campesinos afectados.
Hasta el 29 de abril de 1982 el gobierno había erogado 2,327,937.88 de pesos por indemnización de los afectados, adquisición de terrenos y pagos de mejoras a 976 familias, según una nota de prensa de la entonces Dirección de Prensa de la Presidencia.
En agosto de 1984 ya ascendían a 4,198,482 pesos lo pagado por el gobierno desde 1978 a las familias desalojadas. No obstante, cinco años más tarde se repetían las violentas huelgas en demanda de los pagos por los terrenos.
El presidente Joaquín Balaguer había prometido en campaña, previo a las elecciones de 1986, hacer las respectivas indemnizaciones. Incluso, emitió el decreto número 105-88 el cual contemplaba el pago de 3,600,000 pesos mensuales hasta culminar con las indemnizaciones, traslados y avalúos de los bienes de más de 400 familias residentes en los alrededores del lago de Hatillo, según una publicación de Listín Diario del miércoles 1 de febrero de 1989. El pago de lo estipulado en ese decreto era lo que demandaban en estas nuevas protestas.
Más que un embalse
La infraestructura de la presa de Hatillo fue concebida con tres objetivos: garantizar la irrigación de la zona de riego de Cotuí (12,000 hectáreas) y otras zonas aledañas, producir 8,000 KW de energía de base y controlar las periódicas inundaciones provocadas por el río Yuna en el área, una de las de mayor precipitación en el país.
El control de sequías que permite el embalse es lo que asegura que el país mantenga su autosuficiencia en el consumo de arroz, un pilar de la dieta nacional y de la estabilidad social.
Además de la agricultura, la presa sustenta una industria pesquera local basada en la cría y captura de especies como la tilapia y la trucha. Esta actividad es fundamental para la economía de subsistencia de las comunidades de Hatillo, Maimón y alrededores, proporcionando empleo directo a cientos de pescadores y dinamizando el comercio local de productos frescos.
Asimismo, el espacio se ha convertido en destino ecoturístico y de recreo para quienes lo visitan, ya que la presa está integrada en el Parque Nacional Aniana Vargas, un área protegida de 118.6 km² que salvaguarda uno de los ecosistemas y patrimonios arqueológicos más valiosos del Caribe, esto último por ser considerado una de las mayores concentraciones de arte rupestre de las Antillas.
Estos beneficios se ven afectados por dos constantes a través de la historia: la alta acumulación de sedimentos y la presencia de algas y bacterias en sus aguas. Esta última realidad ha acaparado titulares en las últimas semanas.
Hace unos días la Academia de Ciencias de la República Dominicana (ACRD), a través de su Comisión de Recursos Naturales y Medio Ambiente, manifestó su profunda preocupación ante el estado de degradación ambiental que presenta la Presa de Hatillo, afectada de manera cíclica por procesos de contaminación asociados al exceso de nutrientes y la proliferación masiva de cianobacterias del género Microcystis, lo que ha provocado un cambio drástico en la coloración y calidad de sus aguas.
SEPA MÁS
Sus puntos más bajos
En septiembre de 1990, el embalse de la presa de Hatillo bajó a 74.0 m sobre el nivel del mar, el punto más crítico de toda su historia desde su puesta en funcionamiento en 1984, debido a la fuerte sequía que afecta a la zona y a la tala indiscriminada de árboles en su principal afluente, el río Yuna.
Por otro lado, cada año, esta obra debe desaguar determinada cantidad de metros cúbicos de agua según las condiciones atmosféricas del país. Registros periodísticos mencionan que 1988 fue el año en que se desaguó la mayor cantidad de agua: 1,888 millones de metros cúbicos.
presa de hatillo
Con casi 42 años en funcionamiento, la presa representa el mayor reservorio de agua dulce de las Antillas Mayores

Imagen de la presa de Hatillo.Fuente externa.
Por Yadimir Crespo/LD
Santo Domingo, RD. La presa de Monte Grande es catalogada por el Gobierno actual como la obra hidráulica más importante del Caribe, pero ese lugar lo ha ocupado la presa de Hatillo por más de cuatro décadas.
Ubicada en la comunidad que lleva el mismo nombre, la presa de Hatillo está a seis kilómetros al suroeste de Cotuí, municipio cabecera de la provincia Sánchez Ramírez.
Esta obra de ingeniería no solo representa el mayor reservorio de agua dulce de las Antillas Mayores, sino que funciona como el nodo central para el control de inundaciones en la zona, así como también para la producción de electricidad y la preservación de la seguridad alimentaria a través del riego agrícola.
Desde su entrada en operación en el año 1984, el complejo ha transformado la dinámica hidrológica del río Yuna, permitiendo el desarrollo de un ecosistema productivo y humano que depende directamente de la gestión de sus 710 millones de metros cúbicos de capacidad total.
Los diseños de la obra fueron hechos por la empresa consultora Hanson-Rodríguez y contemplaban un embalse de 94 y medio metros de altura, según una publicación del 1 de noviembre de 1988 en el extinto periódico Última Hora.
Sin embargo, la firma constructora supuestamente modificó los diseños y la “elevó tan solo a 86.5 metros”, de acuerdo a una denuncia en la publicación citada. No obstante, la página web de Hanson-Rodríguez detalla que la altura de esta presa para uso múltiple es realmente de 50 metros y tiene 1,800 metros de longitud de la corona, además de un vertedero de servicio de cresta libre.
Desde el punto de vista estructural, el documento detalla además que es una presa de tierra con respaldos de aluvión de río y tuvo un costo total de 80 millones de dólares.
El diario vespertino El Nacional cita que la obra implicó una inversión de más de 120 millones de pesos al valor de la moneda dominicana en el año 1977 y una edición de Listín Diario del 31 de octubre de 1996 dice que fue de 40 millones.
“A finales de abril de 1982 se hablaba de que la obra ya comprendía una inversión de 94 millones de pesos”, cita la misma publicación.
Estas cifras son sin contar las partidas monetarias que los tres gobiernos que participaron en su construcción tuvieron que destinar a los campesinos de la zona, ya que la presa y sus objetivos convertían el área en inhabitable y riesgosa para los humanos.
Historia
La presa de Hatillo fue iniciada en el último cuatrienio de los 12 años del expresidente Joaquín Balaguer.
Páginas de los archivos del periódico Última Hora señalan que el embalse fue construido por el gobierno del finado presidente Antonio Guzmán “con recursos propios, los cuales fueron previamente especializados y depositados en una cuenta especial por el anterior gobierno”.
Y fue siete años después del inicio de su construcción que, a mediados de 1984 y durante la gestión del expresidente Salvador Jorge Blanco, la presa inició la operación de su embalse.
Violentas protestas
Los años de desarrollo de esta obra se vieron marcados por constantes protestas y manifestaciones violentas que terminaron con un saldo de varios heridos, más de 700 detenidos y la muerte de un campesino.
Los labriegos reclamaban que el gobierno los reubique en lugares donde puedan laborar para el mantenimiento de sus familias y que, además, se haga efectivo el pago de las mejoras y los predios en los que habitaban desde hace unos 50 años.
El gobierno, entonces encabezado por Antonio Guzmán, había dispuesto la suma de 1.2 millones de pesos dominicanos por las tierras de los labriegos cuyas propiedades se verían afectadas por la construcción de esa hidroeléctrica. Pero los campesinos exigían seis millones de pesos.
En la semana del 15 de abril llegaron al acuerdo de pagar RD$1,100,000 y entregar diez mil tareas de tierra en el Proyecto Payabo, en Cotuí, para ser distribuidas entre los campesinos afectados.
Hasta el 29 de abril de 1982 el gobierno había erogado 2,327,937.88 de pesos por indemnización de los afectados, adquisición de terrenos y pagos de mejoras a 976 familias, según una nota de prensa de la entonces Dirección de Prensa de la Presidencia.
En agosto de 1984 ya ascendían a 4,198,482 pesos lo pagado por el gobierno desde 1978 a las familias desalojadas. No obstante, cinco años más tarde se repetían las violentas huelgas en demanda de los pagos por los terrenos.
El presidente Joaquín Balaguer había prometido en campaña, previo a las elecciones de 1986, hacer las respectivas indemnizaciones. Incluso, emitió el decreto número 105-88 el cual contemplaba el pago de 3,600,000 pesos mensuales hasta culminar con las indemnizaciones, traslados y avalúos de los bienes de más de 400 familias residentes en los alrededores del lago de Hatillo, según una publicación de Listín Diario del miércoles 1 de febrero de 1989. El pago de lo estipulado en ese decreto era lo que demandaban en estas nuevas protestas.
Más que un embalse
La infraestructura de la presa de Hatillo fue concebida con tres objetivos: garantizar la irrigación de la zona de riego de Cotuí (12,000 hectáreas) y otras zonas aledañas, producir 8,000 KW de energía de base y controlar las periódicas inundaciones provocadas por el río Yuna en el área, una de las de mayor precipitación en el país.
El control de sequías que permite el embalse es lo que asegura que el país mantenga su autosuficiencia en el consumo de arroz, un pilar de la dieta nacional y de la estabilidad social.
Además de la agricultura, la presa sustenta una industria pesquera local basada en la cría y captura de especies como la tilapia y la trucha. Esta actividad es fundamental para la economía de subsistencia de las comunidades de Hatillo, Maimón y alrededores, proporcionando empleo directo a cientos de pescadores y dinamizando el comercio local de productos frescos.
Asimismo, el espacio se ha convertido en destino ecoturístico y de recreo para quienes lo visitan, ya que la presa está integrada en el Parque Nacional Aniana Vargas, un área protegida de 118.6 km² que salvaguarda uno de los ecosistemas y patrimonios arqueológicos más valiosos del Caribe, esto último por ser considerado una de las mayores concentraciones de arte rupestre de las Antillas.
Estos beneficios se ven afectados por dos constantes a través de la historia: la alta acumulación de sedimentos y la presencia de algas y bacterias en sus aguas. Esta última realidad ha acaparado titulares en las últimas semanas.
Hace unos días la Academia de Ciencias de la República Dominicana (ACRD), a través de su Comisión de Recursos Naturales y Medio Ambiente, manifestó su profunda preocupación ante el estado de degradación ambiental que presenta la Presa de Hatillo, afectada de manera cíclica por procesos de contaminación asociados al exceso de nutrientes y la proliferación masiva de cianobacterias del género Microcystis, lo que ha provocado un cambio drástico en la coloración y calidad de sus aguas.
SEPA MÁS
Sus puntos más bajos
En septiembre de 1990, el embalse de la presa de Hatillo bajó a 74.0 m sobre el nivel del mar, el punto más crítico de toda su historia desde su puesta en funcionamiento en 1984, debido a la fuerte sequía que afecta a la zona y a la tala indiscriminada de árboles en su principal afluente, el río Yuna.
Por otro lado, cada año, esta obra debe desaguar determinada cantidad de metros cúbicos de agua según las condiciones atmosféricas del país. Registros periodísticos mencionan que 1988 fue el año en que se desaguó la mayor cantidad de agua: 1,888 millones de metros cúbicos.
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