Opinión: Trajano Santana S. La muerte de Jacobo Majluta
Las Actuales RD
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“Me voy tranquilo, confío en ustedes, hagan un partido fuerte que sea el sostén de la democracia”, JM
Estas memorables palabras fueron expresadas por Jacobo Majluta en una reunión con los dirigentes nacionales que se celebró en la Casa Nacional del Partido Revolucionario Independiente (PRI), avenida Bolívar 254, en Gascue, donde aún se encuentra, antes de partir a los Estados Unidos a someterse a tratamientos por diagnóstico médico.
El pasado 2 de marzo de 1996 falleció en los Estados Unidos el líder fundador del PRI, expresidente Jacobo Majluta, después de una corta enfermedad. Cinco meses aproximadamente había sido diagnosticado de cáncer pulmonar; él fumaba mucho en todo momento y bromeaba con eso, incluso analizaba temas económicos y políticos con esa referencia. Cuatro días después, los restos de este gran líder político humanista fueron trasladados a la República Dominicana.
Delegaciones del Gobierno, de los partidos Revolucionario Dominicano, Revolucionario Independiente (PRI) y Reformista Social Cristiano, seguidores y familiares acudieron al Aeropuerto Las Américas a recibir los restos de Majluta, no solo por su condición de expresidente de la República, sino por amor, cariño y respeto a su memoria. Una enorme caravana cubrió todo el trayecto hasta la funeraria para dar inicio a los actos oficiales previos a su morada final.
Jacobo Majluta fue un hombre de pensamiento profundo y acción responsable. A lo largo de su vida pública defendió con valentía los principios democráticos, la institucionalidad y el desarrollo nacional. Su liderazgo se cimentó en la honestidad, la eficiencia y un firme compromiso con la justicia social y el progreso del pueblo dominicano.
Como presidente constitucional de la República, tras el trágico fallecimiento del presidente Antonio Guzmán Fernández el 4 de julio de 1982, Majluta fue juramentado como jefe de Estado por el presidente de la Suprema Corte de Justicia, el doctor Néstor Contín Aybar, convirtiéndose en el mandatario más joven que haya tenido nuestro país hasta el año 1996. Constituye una de las páginas más dignas, memorables y gloriosas de nuestra historia reciente, a pesar del luto y dolor.
Durante 43 días de gobierno, Jacobo Majluta se comportó al nivel de lo esperado; actuó con firmeza, determinación, serenidad, prudencia y alto sentido de Estado, garantizando la continuidad democrática y el respeto irrestricto al orden constitucional, en momentos de incertidumbre nacional e intereses encontrados de grupos de poder y de oposición al traspaso del mando al ya electo presidente doctor Salvador Jorge Blanco, a quien le dio toda garantía, protección y respaldo, incluso posterior a su juramentación.
Una vez más se puso a prueba su capacidad gerencial operativa, pues en ese corto período bajó los precios de la comida y dinamizó la economía del país; mantuvo la estabilidad social y la estabilidad política, aseguró una transición pacífica del poder y preservó la confianza en las instituciones democráticas de la República. Es un aspecto fundamental de su legado a reconocer en los anales históricos de la nación. ¡Un gigante sin dudas!
Por Trajano Santana
Abogado, político, máster en relaciones internacionales
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“Me voy tranquilo, confío en ustedes, hagan un partido fuerte que sea el sostén de la democracia”, JM
Estas memorables palabras fueron expresadas por Jacobo Majluta en una reunión con los dirigentes nacionales que se celebró en la Casa Nacional del Partido Revolucionario Independiente (PRI), avenida Bolívar 254, en Gascue, donde aún se encuentra, antes de partir a los Estados Unidos a someterse a tratamientos por diagnóstico médico.
El pasado 2 de marzo de 1996 falleció en los Estados Unidos el líder fundador del PRI, expresidente Jacobo Majluta, después de una corta enfermedad. Cinco meses aproximadamente había sido diagnosticado de cáncer pulmonar; él fumaba mucho en todo momento y bromeaba con eso, incluso analizaba temas económicos y políticos con esa referencia. Cuatro días después, los restos de este gran líder político humanista fueron trasladados a la República Dominicana.
Delegaciones del Gobierno, de los partidos Revolucionario Dominicano, Revolucionario Independiente (PRI) y Reformista Social Cristiano, seguidores y familiares acudieron al Aeropuerto Las Américas a recibir los restos de Majluta, no solo por su condición de expresidente de la República, sino por amor, cariño y respeto a su memoria. Una enorme caravana cubrió todo el trayecto hasta la funeraria para dar inicio a los actos oficiales previos a su morada final.
Jacobo Majluta fue un hombre de pensamiento profundo y acción responsable. A lo largo de su vida pública defendió con valentía los principios democráticos, la institucionalidad y el desarrollo nacional. Su liderazgo se cimentó en la honestidad, la eficiencia y un firme compromiso con la justicia social y el progreso del pueblo dominicano.
Como presidente constitucional de la República, tras el trágico fallecimiento del presidente Antonio Guzmán Fernández el 4 de julio de 1982, Majluta fue juramentado como jefe de Estado por el presidente de la Suprema Corte de Justicia, el doctor Néstor Contín Aybar, convirtiéndose en el mandatario más joven que haya tenido nuestro país hasta el año 1996. Constituye una de las páginas más dignas, memorables y gloriosas de nuestra historia reciente, a pesar del luto y dolor.
Durante 43 días de gobierno, Jacobo Majluta se comportó al nivel de lo esperado; actuó con firmeza, determinación, serenidad, prudencia y alto sentido de Estado, garantizando la continuidad democrática y el respeto irrestricto al orden constitucional, en momentos de incertidumbre nacional e intereses encontrados de grupos de poder y de oposición al traspaso del mando al ya electo presidente doctor Salvador Jorge Blanco, a quien le dio toda garantía, protección y respaldo, incluso posterior a su juramentación.
Una vez más se puso a prueba su capacidad gerencial operativa, pues en ese corto período bajó los precios de la comida y dinamizó la economía del país; mantuvo la estabilidad social y la estabilidad política, aseguró una transición pacífica del poder y preservó la confianza en las instituciones democráticas de la República. Es un aspecto fundamental de su legado a reconocer en los anales históricos de la nación. ¡Un gigante sin dudas!
Por Trajano Santana
Abogado, político, máster en relaciones internacionales
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